Hoy, 18 de Enero, vuelve a ser sábado y realmente me gustaría
poder decir que me siento muchísimo mejor. Sí, me gustaría poder decirlo pero
no. Mi madre solía decirme que está mal mentir. Mi semana no ha ido nada bien,
para qué nos vamos a engañar. No ha pasado nada y lo sé; ese es el problema. Nada
pasa y mi vida sigue siendo tan monótoma como siempre: Me levanto, voy al
infierno, también llamado “instituto”, vuelvo a casa a mediodía, como en 15
minutos y me voy a la escuela de música.
Sí, de música, es mi especialidad, todo lo relacionado con las
artes me fascina. De mator me gustaría dedicarme al teatro y a la música pero
mis padres opinan que no es algo que me pueda dar de comer cuando sea adulta. La
verdad, creo que se equivocan y se lo pienso demostrar. Y es que últimamente
todo el mundo dice “Estudia una carrera difícil y gana mucho dinero” en vez de “Estudia
lo que más te guste y te llene de verdad”.
Lo único diferente en esta semana fue que, el jueves, nuestra
tutora puso en clase un vídeo sobre el bullying llamado “To this day” con subtítulos
que a pesar de todas las cabezas que me tapaban desde mi última fila, los pude
leer y todo lo que decía me hizo llorar, Nadie se percató de mi llanto, por
suerte. Luego la tutora preguntó si alguna vez nos habíamos sentido como en el
vídeo y yo, como de costumbre, callé. También preguntó si conocíamos a alguien
que estuviese sufriendo bullying y hablamos sobre un chico que, efectivamente,
lo sufría. Este chico siempre anda por los pasillos solo y mirando a los demás
con cierto aire de miedo. Siempre quise saber por qué,
Nuestra profesora nos explicó que sufría un tipo de autismo que le
impedía relacionarse y por un momento pensé que yo también podría sufrir una
cosa de esas, ya que mis amigos no me duran ni un día. Todos se cansan y se
olvidan de mí. Recuerdo que metieron a ese chico un día en nuestra clase. Era
fin de curso así que no estábamos haciendo nada productivo. Simplemente todos
hablando. De estas veces que a pesar de llevar auriculares o taparte los oídos
con los dos dedos índices de tus manos, sigues escuchando todo ese “barullo” y,
si miras a los lados y permaneces así un rato, puedes sentirte como en una película
de miedo porque el sonido del barullo es exactamente igual al de las películas en
ese momento en el que el personaje anda por la calle y se encuentra con la muerte.
O cosas así. No sé. Yo suelo hacer mucho esto que acabo de mencionar, me hace pensar,
reflexionar y dar por alto todos mis pensamientos tan bien redactados.
Volviendo al asunto: Estábamos en clase, algunos hablando, otros escuchando
música o otros como yo, leyendo. El chico se sentó en frente mía y al lado de dos
chicos más, pero éstos se pusieron a gastarle bromas pesadas y pegarle en el hombro.
Aparté la mirada del libro y me sorprendió mucho el momento en el que uno de esos
tíos le pegaba y el chico no se defendía, de hecho, sólo les miraba ingenuamente
y les pegaba flojo en el hombro pensando que era un juego. No me gusta nada este
sentimiento, pero fue lástima lo que sentí en ese momento. ¡Uy! ¡Sin haberlo preparado me ha salido un pareado!
Me gustaría poder no haber sentido
eso pues, creo que la “lástima” es algo que no le gustaría que sintieran por él.
Él ni nadie.
También, al día siguiente volvió a entrar en nuestra clase y esta vez,
al entrar, se acercó a donde estaban sentados mis amigos y por lo tanto yo, nuevamente
leyendo en uno de los extremos y preguntó flojito “¿Molesto?” para saber si nos
agradaba que se sentase con nosotros. Ellos le miraron raro, como todo el mundo
hace con él por lo que he podido ver y le dijeron que sí. Me pareció un gesto muy
tierno eso de preguntar pero de nuevo sentí lástima porque supuse que no tendría
a nadie, como yo en estos instantes. Y es que, llegados a este punto, también siento
lástima de mí.
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