sábado, 15 de febrero de 2014

Diary 5

Hoy, 14 de Febrero, acabo de terminar mi primera relación. Sí, en San Valentin. Suena tan cruel.
Ni el chocolate caliente ni el buen rock pueden hacerme sentir mejor, ¿por qué nada ni nadie puede salvarme? 
Realmente, me gustaría una relación como las de los libros, que todo el mundo dice que no existen de verdad.
Yo no lo veo así.
Si no tienes una relación de libro es porque no has querido o porque tu pareja no te lo ha permitido.
Y así lo veo y así lo digo.
El simple hecho de conocer el amor tan pronto me ha terminado de derrumbar. 
La verdad es que me gustaría haberme dado cuenta antes de que todo era una simple mentira.
Me gustaría que reviviesen los tiempos de antes. Me gustaría haber nacido unos cuantos años atrás. Me gustaría no haber nacido en una humanidad sexista y rencorosa. Una en la que las relaciones no sean un "Tq" en WhatsApp sino un "Te quiero" en el papel de una carta perfumada. Que lo tanto que quieras a alguien lo demuestres con un beso o un abrazo y no con un "Me gusta" en Instagram. Que las peleas acaben en cosquillas y no con un "bloqueo" y miles de indirectas en Twitter. Quiero poder dedicar una canción prestando uno de mis auriculares y no mandando el link del vídeo de Youtube. Poder dedicar una sonrisa sin tener que escoger un icono y darle al botón de enviar. Quiero que vuelvan las relaciones largas y espontáneas que tanto salen en las películas que las mismas que usan a los tíos como juguetes no paran de ver. Me gustaría que volviesen las relaciones de verdad. Me gustaría.
Pero creo que ya es demasiado tarde. Y es que Albert Einstein ya lo dijo. "El día que la tecnología nos supere, nos volveremos todos idiotas." Realmente idiotas.

Voy a dejar de buscar el amor. Ya llegará, aunque, ¿enserio podría haber alguien tan de raro como yo ahí fuera dispuesto a que perdamos la cabeza juntos? Ya no creo que haya ninguna otra persona en el planeta tierra que piense como yo. Veo a alguien escuchando una buena canción y leyendo mi libro favorito y sólo puedo pensar: "Solo sé que ese hijo de puta algún día romperá un corazón", mientras que mucho antes pensaba "Seguro que él será un buen tío."  He dejado de creer. He dejado de negar eso de "Todos los chicos son iguales." Y nunca quise llegar al punto de pensar esto.

Diary 4



Hoy, 18 de Enero, vuelve a ser sábado y realmente me gustaría poder decir que me siento muchísimo mejor. Sí, me gustaría poder decirlo pero no. Mi madre solía decirme que está mal mentir. Mi semana no ha ido nada bien, para qué nos vamos a engañar. No ha pasado nada y lo sé; ese es el problema. Nada pasa y mi vida sigue siendo tan monótoma como siempre: Me levanto, voy al infierno, también llamado “instituto”, vuelvo a casa a mediodía, como en 15 minutos y me voy a la escuela de música.
Sí, de música, es mi especialidad, todo lo relacionado con las artes me fascina. De mator me gustaría dedicarme al teatro y a la música pero mis padres opinan que no es algo que me pueda dar de comer cuando sea adulta. La verdad, creo que se equivocan y se lo pienso demostrar. Y es que últimamente todo el mundo dice “Estudia una carrera difícil y gana mucho dinero” en vez de “Estudia lo que más te guste y te llene de verdad”.
Lo único diferente en esta semana fue que, el jueves, nuestra tutora puso en clase un vídeo sobre el bullying llamado “To this day” con subtítulos que a pesar de todas las cabezas que me tapaban desde mi última fila, los pude leer y todo lo que decía me hizo llorar, Nadie se percató de mi llanto, por suerte. Luego la tutora preguntó si alguna vez nos habíamos sentido como en el vídeo y yo, como de costumbre, callé. También preguntó si conocíamos a alguien que estuviese sufriendo bullying y hablamos sobre un chico que, efectivamente, lo sufría. Este chico siempre anda por los pasillos solo y mirando a los demás con cierto aire de miedo. Siempre quise saber por qué,
Nuestra profesora nos explicó que sufría un tipo de autismo que le impedía relacionarse y por un momento pensé que yo también podría sufrir una cosa de esas, ya que mis amigos no me duran ni un día. Todos se cansan y se olvidan de mí. Recuerdo que metieron a ese chico un día en nuestra clase. Era fin de curso así que no estábamos haciendo nada productivo. Simplemente todos hablando. De estas veces que a pesar de llevar auriculares o taparte los oídos con los dos dedos índices de tus manos, sigues escuchando todo ese “barullo” y, si miras a los lados y permaneces así un rato, puedes sentirte como en una película de miedo porque el sonido del barullo es exactamente igual al de las películas en ese momento en el que el personaje anda por la calle y se encuentra con la muerte. O cosas así. No sé. Yo suelo hacer mucho esto que acabo de mencionar, me hace pensar, reflexionar y dar por alto todos mis pensamientos tan bien redactados.
Volviendo al asunto: Estábamos en clase, algunos hablando, otros escuchando música o otros como yo, leyendo. El chico se sentó en frente mía y al lado de dos chicos más, pero éstos se pusieron a gastarle bromas pesadas y pegarle en el hombro. Aparté la mirada del libro y me sorprendió mucho el momento en el que uno de esos tíos le pegaba y el chico no se defendía, de hecho, sólo les miraba ingenuamente y les pegaba flojo en el hombro pensando que era un juego. No me gusta nada este sentimiento, pero fue lástima lo que sentí en ese momento. ¡Uy! ¡Sin haberlo preparado me ha salido un pareado!
 Me gustaría poder no haber sentido eso pues, creo que la “lástima” es algo que no le gustaría que sintieran por él. Él ni nadie.
También, al día siguiente volvió a entrar en nuestra clase y esta vez, al entrar, se acercó a donde estaban sentados mis amigos y por lo tanto yo, nuevamente leyendo en uno de los extremos y preguntó flojito “¿Molesto?” para saber si nos agradaba que se sentase con nosotros. Ellos le miraron raro, como todo el mundo hace con él por lo que he podido ver y le dijeron que sí. Me pareció un gesto muy tierno eso de preguntar pero de nuevo sentí lástima porque supuse que no tendría a nadie, como yo en estos instantes. Y es que, llegados a este punto, también siento lástima de mí.

sábado, 8 de febrero de 2014

Diary 3



Hoy, 12 de enero de 2014, a la edad de casi 15 años, sufro depresión, trastorno de pánico y fobia social. Sí, todo eso junto, como una buena macedonia, aunque claro, esta vez no creo que sea bueno. Quién se iba a imaginar que esto me ocurriría a mí, aquella niña de ojos castaños y feliz.

Supongo que si has leído esta parte de la historia de mi vida, querido lector, tendrás muchas ansias por saber mi nombre pero yo creo que no es importante. Principalmente porque si lo digo, esto ya no sería un diario anónimo. Tengo ojos color miel, grises cuando la luz del sol me da de cara; ni muy alta ni muy baja, aunque la verdad es que siempre me he sentido más baja, de hecho, creo que no creceré más de lo que ya he crecido. Mi pelo.. bueno, mi pelo siempre está en constante cambio: Fue rubio oscuro, castaño claro, castaño oscuro, rosa y ahora mismo es largo, castaño claro, rubio y morado. Sí, todo eso en uno. Vaya desastre estoy hecha. Pero me gusta ser así, de hecho, todo el mundo se ha acostumbrado a verme así, todo el mundo se sorprendería al verme el pelo de un solo color. Pero no estamos aquí para hablar de mi aspecto, porque los complejos prefiero dejarlos un poco de lado.
Es la primera vez que hago esto, es decir, escribir toda mi vida en un diario que ni siquiera es un diario de verdad, sino un simple documento en el Microsoft Office Word que más tarde transcribo a este blog.
He empezado tan rápido a contar todo aquello que quería soltar que ni siquiera he aclarado del todo por qué hago esto. Lo hago por necesidad, sí, como lo dije antes. Lo hago porque nadie se atreve a escucharme. Lo hago porque ni yo me atrevo a expresar con palabras a otras personas todo lo que quiero decir. Lo hago porque los “monstruos” que se encuentran en mi interior no paran de morderme por dentro, golpearme y hacerme desesperar de dolor. Lo hago porque no estoy sola en el mundo pero tampoco mucha gente me quiere. Y es que, te contaré un secreto: Las personas más tristes son todas aquellas que no lo demuestran.


Diary 2



Refiriéndome de nuevo a lo que es el tema de mi padre, todas las medicinas y curas que se le habían aplicado lo habían vuelto completamente loco hasta el punto de que me llegase a golpear, Mi madre creo que era la principal víctima, pues no paraban de discutir y estaba tan infeliz que llegó a llorar y llegamos a llorar mi hermano mayor y yo, pues, era la primera vez que veíamos a nuestra madre llorar.
Todo este problema, acabó al año siguiente, después de que la buena música, la lectura y los cortes en cada una de mis malditas muñecas me mantuviesen viva. No sé muy bien el día que terminó pero siempre he creído que fue el día en el que mi padre me pegó. Era un frío día de Febrero o Marzo; bueno, realmente no sé si hacía frío porque en mi ciudad no lo suele hacer mucho, pero es que queda mejor en la frase. Bueno, pues que ese día, hacía una o dos semanas que se sabía que tenía asma bronquial, que es un tipo de asma que sólo ocurre en algunas ocasiones, es decir, un asma temporal y que no tiene por qué ocurrir cada año. Ese día, no me encontraba nada bien, de hecho había tenido dos ataques asmáticos en los últimos días, por lo que, no fue nada raro que ese mismo día me ocurriese el tercero. Me encontraba sentada en el sofá, haciendo un poco de “zapping” cuando poco a poco empecé a respirar peor, hasta tal punto en el que parecía que se me había cerrado la garganta o las fosas nasales o que no tenía nariz como Voldemort o algo, no sé. El caso es que conseguí llamar a mi madre con voz casi ronca y ahogada. Para mi desgracia, el que apareció tras la puerta del salón no era ni mi madre ni mi hermano, era mi padre, el cual, se acercó a mí enfadado y gritando sin yo comprender el por qué. Me levanté del sofá y comencé a decirle lo que me ocurría mientras me movía desesperada por el comedor. Él no paraba de gritar que todo era una absurda mentira y que tan sólo quería atención hasta que finalmente ocurrió: Me pegó tan fuerte que caí de espaldas al ventanal del salón y empecé a ver todo nublado, luego lo veía todo completamente blanco y finalmente, negro. Recuerdo que logré abrir un poco los ojos y me encontraba sentada apoyada en la parte de atrás del sofá y enfrente de una silla de la mesa del comedor, con mi madre abanicándome y preguntándole a mi padre que qué era lo que se le pasaba por la cabeza al hacer todo esto. Luego, cerré los ojos por el dolor y volví a verlo todo negro, no sé si me dormí o qué ocurrió pero la verdad es que creo que hice bien en no saber nada de lo que pasó después.
Después de ese día, todo empezó a cambiar y creo que mi padre empezó a sentirse culpable de todo lo que había hecho. Se había dejado de medicar y parecía que había vuelto a tener uso de razón.
Recuerdo un día más tarde, que discutió con mi madre, él huyó a casa de mi abuela materna, sí, a la de la madre de mi madre ya que, mi abuela paterna nunca ha querido a sus hijos y mi padre siempre ha sentido que mi abuela materna ha sido su madre, y la verdad es que no me extraña conociendo a las dos abuelas.
Al final del día, volvió a casa después de su intento de fugarse y al día siguiente, después de discutir otra vez, salió de la casa y se sentó en el escalón de la puerta. Se echó a llorar. Entonces yo, abrí la puerta, lo vi en el escalón, me senté junto a él y lo abracé. También lloré un poquito pero shh, no quiero que nadie lo sepa. Todo el mundo ha pensado siempre que soy una persona fría. Pero soy todo lo contrario.
Desde aquél día todo volvió a la normalidad. Y la verdad es que gracias a esto, y no digo que me alegre lo ocurrido, ahora mi familia está mas fuerte que nunca y mis padres se quieren más incluso de lo que se querían antes. Y eso me hace un poco más feliz. 

Llegó el verano y, con él, mis depresiones, sí, yo me deprimo en vacaciones. Tú, querido lector, que seguramente disfrutarás de las vacaciones como cualquier otro estudiante no me comprenderás. Me comprenderías si lo único que tuvieses fuese la música y un ordenador. Y sí, tus únicos amigos son de Internet. Sí, me entenderías si tu vida fuese eso.
Después, entré al instituto. Miento si digo que tenía miedo de empezar las clases en ese nuevo centro, pero miento también si te digo que estaba completamente segura de mí misma. Sabía que iba a ser un infierno. No dudaba en ningún segundo que en cuanto pisase el instituto, el bullying volvería junto con más gente nueva. Supongo, que la negatividad con la que empecé el curso me hizo más llevadero lo horrible que fue el principio. Primero de la ESO fue un curso diferente a partir del segundo trimestre: Ya conocía a todos mis nuevos compañeros y me había ganado todo su respeto; el bullying se había esfumado por fin. En ese curso, no fui la típica niña que se creía todo por haber entrado al instituto pero tampoco era la típica pringada asustada por todas las novatadas. Creo que por una vez en la vida me consideraba normal, intermedia. Durante este curso, mi mejor amiga fue una chica un poco rellenita que estaba bastante acomplejada pero no lo demostraba. No lo demostraba pero yo lo sabía. Lo sabía en su forma de mirarme a los ojos mientras decía: No le gusto a nadie por ser una gorda.
Realmente, gracias a ella aprendí mucho y no me derrumbé pues, no estaba sola, sabía que ella también lo pasaba mal.
En segundo curso, esa chica cambió, empezó a bajar su autoestima aún más registrándose en páginas de encontrar pareja como una desesperada. No tenía mi edad, era un año más mayor. En segundo curso, ella se separó de mí inesperadamente e hice otras nuevas mejores amigas de mi clase.
Este curso, tercero, tengo otras mejores amigas. Sí, cambio mucho de grupo de amigas porque la verdad, no entiendo cómo la gente se aburre tan pronto de mí. Y ese es mi mayor problema: Quiero algo que sea para siempre pero la gente se cansa muy rápido de alguien como yo.
Este curso, todo el mundo ha cambiado, mis amigas, mi familia paterna con la que ya no me veo por varios problemas y aquella chica rellenita de primero. Ahora, está delgada, muy guapa y la verdad, me da pena decirlo, pero también muy puta. Sí, utiliza a los tíos como si fuesen un pañuelo; de usar y tirar. Y cuando es el chico el que le rompe el corazón a ella, se derrumba y lo publica en “Twitter”. La verdad es que no entiendo por qué lo hace pero no creo que eso la haga feliz. Simplemente no sé por qué la gente accede a hacer cosas que no influyen en su felicidad, pienso que es una pérdida de tiempo, pero creo, que no soy la persona más adecuada ahora mismo para hablar de felicidad.
 

domingo, 12 de enero de 2014

Diary 1


Cuando tenía 6 años, siempre quise comenzar a escribir un diario por el mero hecho de la ilusión que me suponía hacerlo. Cada vez que empezaba uno, al día siguiente lo dejaba y así hasta que me regalaran otro por mi cumpleaños al año siguiente: Escribía todo lo bien que había ido mi cumpleaños y así se quedaba el diario, muerto de risa esperando a que años más tarde lo encontrara y pensase que alguna vez fui feliz.
Ahora escribo este diario por una simple necesidad. La simple necesidad de creer ser escuchada o leída, aunque sea por mí misma.
Creo que una buena forma de comenzar mi diario es empezar desde el principio de los tiempos; porque a mí me gusta dar explicaciones, me gusta hablar y dar todo con pelos y señales, pero todo esto cambia una vez que no hay nadie que me quiera escuchar. Supongo que por esta razón soy la chica callada, antisocial, que todos los fines de semana se queda encerrada en su cuarto jugando a la PlayStation3 o durmiendo, completamente sola, sí, eso soy yo. Soy la típica chica simpática que a todo el mundo le suele agradar pero en realidad, nadie quiere estar con ella. No soy la típica chica popular y supongo que eso no me facilita para nada.
Todo empezó en la primaria, a la edad de 8 años creo, sufría bullying por parte de bastante gente y lo único que me hacía feliz era mi familia. Gracias a ella me mantenía a flote, digamos. Ese mismo año perdí el apetito, las ganas de comer, la confianza en mi misma y con el paso del tiempo, a la edad de 10 años, se confirmó lo que me ocurría: Era anoréxica. Mis padres nunca lo supieron, pero no estaba contenta con mi cuerpo; bueno, con mi cuerpo y con nada. Cada vez que comía y mis padres se iban a trabajar, me encerraba en el baño, me sentaba en la alfombrilla en frente de la bañera y del váter, metía mis dos dedos índice y corazón en mi garganta y me provocaba un vómito simplemente para expulsar la comida que había almorzado y no engordar. Luego, tiraba de la cadena, me duchaba para despejarme un poco y me quedaba tranquila porque ese era mi día a día. Ahora, cualquiera que escuche o lea esto, pensará que estaba pirada.
Pero realmente nadie puede saber como alguien se siente, sin haberlo sentido.


El mismo año que todo eso ocurrió, yo era una persona totalmente distinta, y no sólo en el sentido de mi enfermedad psicológica, sino también, en que me había adentrado en un mundo totalmente diferente, había descubierto otras cosas que me mantenían viva: La lectura y el buen rock. Descubrí los grupos de Paramore, Simple Plan, Sum 41, Nirvana, Sleeping with sirens, Imagine Dragons y un grandísimo etcétera.
A la edad de 11 años nos mudamos, y mi vida fue involucrada en un gran cambio. Mi prima, de un año menor que yo, era mi vecina todos los veranos, era francesa y simplemente, era mi mejor amiga. Ahora que nos mudábamos no sería fácil verla todos los días de verano e ir a comprar pipas a la tienda de la esquina y sólo chuparlas por la pereza que nos daba quitarle la cáscara. Suponía que la iba a seguir viendo pero nada sería igual. Pero me equivoqué, una vez que me fui sollozando de aquella casa en la que me había criado, mis padres nunca me llevaron a ver a “mi prima la francesa” que es así como ahora todos la conocemos. Separarme de ella fue lo peor que me pudo ocurrir en aquel momento, para qué nos vamos a engañar. Pero a pesar de que fue lo peor, había otro problema que no se quedaba atrás; bueno, realmente no era mi problema, pues siempre me pedían que no me metiese en estos asuntos, pero yo soy así, mi conciencia no se quedaba tranquila. El problema era mi padre, que había estado diagnosticado por tener la tensión tan alta que habría podido morir.